• Roturas fibrilares, el temor de los runners!

    Roturas fibrilares, el temor de los runners!

    Los músculos contracturados o débiles son los más apetecibles para la rotura de fibras, una de las lesiones más frecuentes en la práctica del running. Atentos a este artículo de nuestro fisioterapeuta Sergio Rivera para conocer por qué se producen y cómo evitarlas, claves fundamentales para los que participarán este domingo en la Maratón Atlántica Coruña 42 y para todos los que aprovecháis cualquier momento para salir a correr.

    Nuestros músculos están formados por un gran número de fibras, dispuestas longitudinalmente a lo largo de todo su recorrido, que se contraen o se relajan conjuntamente o por separado, por lo que pueden sufrir más unas que otras. A pesar de ser fuertes, resistentes y muy elásticas, estas fibras musculares pueden romperse y cuando eso ocurre, estamos frente a una Rotura Fibrilar o Rotura de Fibras.

    Una Rotura Fibrilar será más o menos incapacitante según el número de fibras que se hayan roto y el músculo afectado.

    ¿Por qué se produce? Normalmente por un esfuerzo intenso o muy brusco (arrancada, frenazo, salto o cambio de ritmo o de dirección por ejemplo) más allá de la capacidad del músculo. Es más probable que aparezca si un músculo está contracturado, débil y con un metabolismo disminuido ya que va a ser más propenso a “romperse” que uno sano, hidratado y elástico. Claro que un traumatismo directo sobre el músculo también puede romperlo.

    En el momento de la rotura notaremos como síntomas un dolor muy característico conocido como el Síndrome de La Pedrada y es que sentimos un golpe y un “chasquido”, como si nos hubieran tirado una piedra, y es frecuente que el individuo mire hacia atrás buscando el origen de manera refleja. Notaremos rápidamente un fuerte dolor y una importante impotencia funcional que hará que detengamos inmediatamente toda actividad deportiva. El músculo se hincha, se inflama, se produce una contractura alrededor de la zona afectada, se nota una depresión a la palpación y, a no ser que la rotura sea muy pequeña o muy profunda, aparecerá un hematoma en las primeras 24 horas.

    En una fase más avanzada de la lesión la rotura da lugar a una cicatriz hipertrófica, desordenada y retráctil como todas las cicatrices, y pasaremos de notar en la palpación una depresión a notar un bulto.

    El diagnóstico vendrá por dos vías, por ecografía o resonancia magnética o mediante la palpación y que no encontremos en esta los signos comentados anteriormente no significa que la lesión no exista pues estos pueden verse “camuflados” ante una pequeña o una profunda rotura, o ante una persona obesa.

    En cuanto al tratamiento, si es una rotura muy extensa el arreglo será quirúrgico pues, al igual que en una fractura ósea, los extremos de la rotura están muy alejados y mediante la operación han de acercarse para que suelden bien.

    En los demás casos, el tratamiento indicado es la fisioterapia. Se empezará tratando la lesión con CRICER (crioterapia, compresión, elevación y reposo) y a partir del tercer o séptimo día, dependiendo de los casos, se realizará tratamiento de la contractura perilesional mediante masaje decontracturante centrípeto hacia la cicatriz, compresión antiedema y frío local.

    A partir de los 10-15 días posteriores, y si la cicatriz se ha empezado a formar,  el masaje aplicado por el terapeuta será poco a poco más fuerte y profundo y así ayudará a evitar adherencias y retracciones propias de toda cicatrización para, finalmente, reelastificar la estructura y que esta no vuelva a darnos problemas. En caso contrario, aparecerán molestias, contracturas y nuevas roturas provocadas por esas retracciones y adherencias que impidan el correcto funcionamiento del músculo. Así mismo el terapeuta comenzará un trabajo de estiramientos muy suaves.

    Para evitar llegar a estos extremos, hay que tener en cuenta estas medidas de prevención: descansar suficientemente, hidratarnos correctamente, llevar una dieta equilibrada, calentar antes y enfriar después del ejercicio y tener claro lo que podemos y no podemos hacer a nivel deportivo nos ayudará bastante a la hora de prevenirlas. En definitiva, mantener una musculatura adecuada en tono y elasticidad. Nuestra readaptadora física Alba Cons nos recomienda activar el cuerpo antes de una sesión de running y relajarlo después con unos sencillos ejercicios: movilización de la espalda y pequeños saltitos llegando hacia arriba y haciendo el mínimo ruido posible al caer.

     

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